“¿Hay, Mirta?”, comenzaron a preguntar desde las 11 niñas y niños en el merendero Alberdi, en México y San Miguel. Mirta Palavecino, la dueña de casa, les dijo que sí a todos con una sonrisa que se notaba en los ojos porque su boca estaba tapada con un barbijo.

En esas manzanas, en el límite entre los barrios Alberdi, Juan Pablo II y Los Andes (aunque comúnmente se les llama Trulalá, Villa Urquiza y El Sifón), los vecinos explicaron que para saber si se dará la merienda, se pregunta “¿hay, Mirta?”. Ayer fue distinto y el merendero funcionó al mediodía para hacer el almuerzo: 300 porciones de arroz con pollo. “Acá, como en todos lados, cada vez se acerca más gente que tiene hambre y no damos abasto, por eso cocinamos ahora, como una manera de pedir ayuda”, explicó la mujer. En ese punto se montó una de las más de 250 ollas populares que 13 organizaciones sociales hicieron en la provincia para reclamar por la creación de un comité de emergencia social que luchar contra el hambre.

“Hay hambre, se acrecientan la pobreza y la miseria. Las organizaciones sociales tenemos cientos de espacios de asistencia alimentaria que están desbordados”, expresaron en conjunto las organizaciones sociales Movimiento Evita, Somos Barrios de Pie, Frente Popular Darío Santillán, Martín Fierro, CCC, Frente Barrial 19 de Diciembre, Frente Social la Nueva Independencia, 22 de Agosto, Octubres, Seamos Libres, Corriente Pueblo Unido, Frente Popular Darío Santillán corriente nacional y Frente de Organizaciones en Lucha. Entre todas aseguran que reparten 50.000 porciones de alimentos por día.

Estudiaremos el pedido

Francisco Navarro, titular de la Secretaría de Articulación Territorial y Desarrollo Local, aseguró que analizarían la propuesta. “Nos encontramos preocupados y ocupados, trabajando en territorio. Estamos acompañando lo que está pasando a nivel nacional con el IFE, con las tarjetas alimentarias, con el refuerzo de los espacios de nutrición y seguridad alimentaria, que son 200 en la provincia. Sabemos del laburo de las organizaciones, a muchas las acompañamos y están incluidas en la estructura de trabajo del ministerio, para pasar de la mejor manera posible esto que ocurre. Se evaluará la propuesta”.

En San Miguel y México

Junto a Palavecino, Estefanía Ibarra, Lidia Sambrán, Susana Arce, Víctor Mansilla y Jésica Correa prepararon las viandas y anotaron a los comensales para llevar el registro. Ese espacio forma parte de los puntos alimentarios del Frente Popular Darío Santillán, que ayer aportó 60 ollas populares. “Hace 18 años comenzamos con un merendero y recibíamos cerca de 80 niños. Hasta marzo, antes de que empiece todo esto, hacíamos la merienda para 280 chicos. Pero ahora con estas tres semanas de cuarentena -por el aislamiento social, preventivo y obligatorio- estamos haciendo para 320. Estamos pasando un hambre parecida a la de 2001 o 2002; y pensamos que empeorará”, explicó Palavecino.

El grupo cocina bollos, rosquetes y otros productos de panadería para la venta. Lo recaudado sostiene el merendero.

“Como la gente no puede salir a hacer changas, aumentó un montón el hambre”, contaron Ibarra y Sambrán mientras preparaban de a una ollada de arroz por vez en el único anafe que tenían. Cada olla de arroz después se trasladaba a asaderas para mezclarse junto a la salsa. “Algunas veces vienen los niños descalzos y nosotros les lavamos la cara, las manos y les damos unas zapatillas que tenemos de donaciones para que puedan usar”, comentaron. “Lo que también se puso un poco más bravo son los casos de violencia de género. Entre las compañeras nos cuidamos y sabemos qué hacer si alguien pide ayuda”, agregaron.

Asunción y Colombia

A unas 15 cuadras, entre los pasillos de El Sifón que se abren desde Asunción y Colombia, también preparaban una olla popular. Ivana Miranda esperaba que se hicieran las 12 para poner los fideos a hervir en el merendero Niños Felices Juan Pablo II. El menú era fideos con salsa roja. El olorcito de esa salsa se sentía a varias cuadras a la redonda, por eso desde las 11.30 los niños fueron a acercar un táper para dejar reservada su vianda.

“Acá funcionamos desde hace cuatro años. Repartimos 120 meriendas tres veces a la semana, cubriendo unas 60 familias”, explicó Miranda. “Como acá cerca hay otro comedor, nos mantenemos como merendero. Lo que pasa es que ese espacio no funciona los fines de semana. Cuando hay changas los padres tienen dinero para comer los fines de semana, pero ahora no. Entonces nos rebuscamos para cocinar los domingos y que la gente no se quede sin comer. Hay chicos que cuando hay merendero vienen tres veces, y les damos, obvio. Pensamos que es el único alimento que tienen en el día”, comentó.

Ahí, como en muchos comedores, la preocupación también es por el aumento de precios: “vendemos bollos y pastafrolas todas las semanas para sostener el merendero. Los fardos de harina subieron de $ 200 a $ 340 en dos semanas. Cada fardo de azúcar subió de $ 300 a $ 500. Las compras para sostener el merendero las hacemos cada 15 días y antes gastábamos $ 3.000 para dos semanas y ahora subió a $ 6.000. La manteca y la levadura se duplicó y hasta casi triplicó el precio en estas semanas”, explicaron.

Más niños golpean en la puerta y quieren dejar el táper. La ansiedad es porque el último domingo en 20 minutos se acabó la olla y siete familias se quedaron con hambre.